Tal vez te hayas enfrentado con tu hijo al ver que rechaza sus libros y tareas, o evita el estudio como si fuera una plaga.
La educación de sus hijos es una de las preocupaciones más recurrentes que noto en los padres de mis alumnos.
¿Qué pasa cuando un niño se resiste a estudiar? ¿Es un problema serio o es solo una fase?
Basándome en mi propia experiencia como educadora, aquí comparto una lista de consejos que puedes tomar para mejorar esta situación. ¡Te aseguro que te serán útiles!
No entres en pánico

Es una reacción natural sentir preocupación cuando tu hijo muestra resistencia al estudio.
Después de todo, sabemos que su futuro puede estar determinado por sus logros académicos.
Pero es importante recordar que el estrés y la ansiedad nunca son buenos consejeros.
Antes de tomar cualquier decisión, tómate un momento para respirar y calmarte.
No estás solo en esto, y hay muchas estrategias que puedes usar para ayudar a tu hijo a incorporar el estudio.
La resistencia al estudio es un problema común que enfrentan muchos padres en todo el mundo y hay soluciones disponibles.
En lugar de preocuparte, ocúpate.
No insistas en que debe estudiar
Aunque no lo creas, cuanto más insistimos en que nuestros hijos deben estudiar, más resistencia muestran.
¿Por qué? Porque el estudio se convierte en una obligación impuesta, no en una decisión propia.
En lugar de insistir constantemente en que deben estudiar, trata de hacerles ver el valor y la importancia de la educación.
Habla con ellos sobre cómo el estudio puede abrirles puertas a nuevos mundos y ayudarles a alcanzar sus metas y sueños.
Hazles entender que el estudio no es un castigo o una tarea tediosa, sino una herramienta valiosa para su crecimiento personal y profesional.
Un claro ejemplo que me sucede en clase es que los adolescentes no quieren estudiar inglés. No lo creen necesario porque ya existen traductores digitales.
Cuando esto me sucede, les consulto en qué se ven trabajando en el futuro.
Aunque no lo creas, muchos de ellos me dicen “futbolistas, astronautas, etc” ¿Mi respuesta?
“¿En qué idioma crees que te comunicarás cuando dejes de jugar en un equipo local y te pasen a uno de otro país?”
Recuerda, el objetivo no es forzar a tu hijo a estudiar, sino inspirarlo a hacerlo por su cuenta.
Descubre sus intereses
Todos tenemos temas que nos apasionan más que otros.
Tu hijo no es la excepción.
Tal vez las matemáticas no le interesen tanto, pero podría pasar horas hablando sobre el universo y las estrellas.
O tal vez la historia le aburre, pero se emociona cuando se trata de tecnología o arte.
Conocer los intereses de tu hijo puede ser una gran manera de motivarlo a estudiar.
Intenta conectar lo que está aprendiendo en la escuela con algo que ya le interesa.
Por ejemplo, si le encanta el arte, trata de relacionar esto con la geometría o la historia.
Si está fascinado con los dinosaurios, utiliza esto para hablar sobre biología o geología.
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Al hacer esto, el estudio deja de ser una tarea monótona y se convierte en una exploración de las cosas que le importan.
Prueba la regla de los 25 minutos
A veces, los niños pueden sentirse abrumados por la cantidad de trabajo que tienen que hacer.
Y eso hace que eviten el estudio por completo.
Para ayudar a tu hijo a manejar este problema, puedes probar la técnica Pomodoro.
Esta técnica ha sido descripta por la National Institute of Child Care and Huma Health como efectiva.
Fue desarrollada por Francesco Cirillo en los años ’80, sugiere trabajar o estudiar durante 25 minutos seguidos y luego tomar un descanso de 5 minutos.
Después de 4 “pomodoros”, se toma un descanso más largo de 15-30 minutos.
Esta técnica ha demostrado ser muy buena para aumentar la productividad y bajar la fatiga mental.
Puedes ajustar los tiempos según las necesidades de tu hijo, pero el principio es el mismo: trabajar en bloques de tiempo y tomar descansos regulares.
Esto puede hacer que el estudio sea manejable.
Admite tus propios errores
Nadie es perfecto, y eso incluye a los padres.
Tal vez te has estresado demasiado por las calificaciones de tu hijo, o tal vez no has estado tan presente como deberías.
Es importante que reconozcas estos errores frente a tu hijo.
No solo le mostrarás que todos cometemos errores y podemos aprender de ellos, sino que también le darás la oportunidad de expresar sus propios sentimientos y frustraciones.
Este puede ser un buen momento para conversar de manera honesta sobre el estudio, la escuela y las expectativas.
Admitir tus errores puede ser incómodo, pero también puede ser un paso importante para entender mejor a tu hijo y encontrar soluciones juntos.
Motiva un ambiente de aprendizaje desde temprano
¿Has considerado cómo el ambiente en casa puede influir en la actitud de tu hijo hacia el estudio?
Un hogar donde se valora el conocimiento, la curiosidad y el aprendizaje puede establecer una base sólida para una actitud positiva hacia el estudio.
¿Tienes libros al alcance de tu hijo? ¿Se habla sobre diferentes temas en la mesa durante la cena?
¿Se celebra y se reconoce el aprendizaje más allá de las calificaciones escolares?
Pregúntate a ti mismo: ¿cómo estás dando ejemplo con tu propia actitud hacia el aprendizaje y el crecimiento personal?
Estas preguntas pueden ayudarte a evaluar cómo estás apoyando los esfuerzos de tu hijo por aprender y estudiar, y cómo puedes mejorar. Recuerda, nunca es demasiado tarde para hacer cambios positivos.
Crea una rutina de estudio

En mi propia experiencia, he encontrado que proponerle una rutina de estudio clara y consistente a mis alumnos puede hacer maravillas para motivarlos a estudiar.
Sin embargo, no se trata solo de decir “de 4 a 6 es el tiempo de estudio”.
Es importante crear una rutina que sea flexible, pero que también tenga expectativas claras.
Por ejemplo, después de la escuela, tus hijos pueden tener tiempo libre para relajarse y jugar.
Luego, después de una merienda saludable, pueden sentarse a hacer sus deberes.
Tras terminar, tienen un tiempo para leer o para revisar conceptos que no entienden bien y preparar sus cosas para el día siguiente antes de irse a la cama.
Esta rutina suele ayudar a entender que el estudio es parte de su vida diaria, pero también que hay tiempo para relajarse y divertirse.
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